domingo, 29 de diciembre de 2024

LUCIUS, EL ALFARERO DE RIOTINTO

Esta es la vida contada de Lucius Iulius Reborrinus, el alfarero romano de lucernas mineras de Riotinto. Una historia basada en dos extraordinarios hallazgos arqueológicos fortuitos descubiertos hace poco tiempo en las Minas de Riotinto. Uno encontrado en la necrópolis romana de la Dehesa y otro en el poblado minero de Cortalago.

 


Lucerna romana con las iniciales L.I.R. - Catálogo Minero de Riotinto

Lucius se levantó temprano, mucho antes del alba. Hacía frío y las nubes bajas cubrían aún los valles de Sierra Morena. Se calzó sus zapatillas de esparto y se dirigió a las dependencias del fogón. En la hornilla prendió una pequeña fogata con unos palos finos de madera de encina; el día anterior había comprado en el mercado unos puñados de café de cebada, su preferido, ya que le daba fuerzas para toda la jornada y en una olla de barro hizo un poco de café hervido. Bebió lentamente degustando cada sorbo, a la misma vez que olía ese aroma matutino en la oscuridad y el silencio de la noche. Lo acompañó con una buena hogaza de pan de trigo que había elaborado en el horno de leña días antes. A él le gustaba la corteza, dura, un poco resquemada y llena aún de harina. En una vasija de barro cocido con tapón de corcho tenía un poco de aceite de oliva, verde, de gusto amargo y sabor intenso y esparció un poco de ese líquido verdoso por la rebanada de pan.

Tenía por delante un día de mucho trabajo, le habían encargado un lote de quinientas lucernas para las minas de Aljustrel, situadas al sur de la provincia romana de Lusitania. Lucius Iulius había nacido en Olisipo, que después sería la capital de la provincia. Su padre le había enseñado la profesión de alfarero y en su juventud se fue a las minas para trabajar en su gremio. Las lucernas mineras que Lucius elaboraba en su pequeño taller eran de buena calidad. Seleccionaba la arcilla de los mejores campos; con su rehala de mulas iba hacia el sur, camino del Alentejo, para buscar la argamasa que fuera resistente para aguantar tanto el calor intenso de la llama, como los golpes que le daban a esa pieza de barro para trasladarla de uno a otro sitio.


Poblado minero de Cortalago


Amasaba la arcilla, la partía y la volvía a amasar como si fuera harina y al cabo de un buen rato de fuerza y destreza empezaba a darle forma a la lámpara. Sabía que no podría ser muy pequeña porque se apagaba rápido, ni tampoco muy grande porque no cabía en los huecos de las paredes de las galerías. Toda persona que entraba a trabajar en una mina, ya fuera libre o esclava, tenía que entrar con una lucerna de aceite para poderse iluminar. Una vez te adentraba 20 metros de la bocamina, la oscuridad era tan intensa, tan negra, que los ojos se salían de la órbita buscando una línea de claridad, parecía que había llegado al fin del mundo.

Las lucernas que elaboraba Lucius eran más bien planas, con un pequeño depósito para el aceite, un orificio en la parte central para llenar su contenido y otro en la parte delantera por donde se introducía una mecha vegetal que al prender el fuego salía una pequeña llama, que en la más absoluta penumbra, iluminaba lo suficiente como para dejar las dos manos libres y coger el pico para seguir cavando la veta de mineral de plata. En la parte alta del candil se torneaban algunas figuras de dioses, florituras o volutas con dibujos, pero esa eran las que tenían en sus viviendas y comercios los romanos más adinerados. Para las minas, las lucernas eran sencillas, sin adornos ni ornamentos y lo que pretendían era que cumplieran su función de iluminación para el trabajo diario. Finalmente, se remataba con una asa para poderlas coger y transportar de un sitio para otro.

Pero Lucius también quería que sus lucernas tuvieran su sello de identidad. Quería que las lucernas que él fabricaba fueran conocidas no solo en toda la provincia romana de Lusitania, sino en toda Hispania, en la tierra de conejos, y por ello se desplazó hasta la provincia cercana de la Bética, donde estaban las minas de plata más grande del imperio romano, desde donde se extraía la mayor parte de ese metal precioso que servía para pagar al invencible ejército romano, las conocidas Minas Imperiales de Riotinto. Por ello, en la base de las lámparas, el artesano alfarero sellaba cada una de las piezas con su seña de identidad, para que no se confundieran con las elaboradas por otros comerciantes, que él sabía que eran de peor calidad. De esta manera, antes de meterla en su horno de cocción y todavía fresca la arcilla, cogía su palo fino de madera, a modo de lápiz, lo introducía en su tintero de barro y las grababa con ese detalle de distinción y de calidad, que eran las iniciales de su nombre, L.I.R, Lucius Iulius Reborrinus.

Las famosas Minas de Plata de Riotinto se encontraban al este de Aljustrel, a unos seis días de camino en carro tirado por mulas, por las vías romanas de Emerita-Urium, conocida como la ruta de la plata. Así, que no se lo pensó dos veces cuando escuchó hablar de las afamadas minas imperiales y decidió ir a probar suerte a la otra provincia de Hispania. Pocas cosas iba a subir al carro para su traslado, pero lo primero que metió fue el torno fabricado con madera de rija, desmontado con su eje de acero, el mandil de cuero, una ánfora con vino tinto de la tierra, un trozo de tocino y varias piezas de pan. Para su negocio no tenía que llevarse muchos trastos, lo que más preciaba eran sus delicadas manos para la confección de las exquisitas lucernas y la sabiduría que había adquirido al cabo de los años de duro trabajo.

Tras cinco días de camino pensó que había llegado a las minas de Riotinto, pero al subirse a una elevada montaña, que la gente del lugar la llamaban Sierra Tharsis, pudo vislumbrar en la lejanía las grandes columnas de humo provocada por las cientos, miles de chimeneas de fundición de mineral que utilizaban para extraer la plata. Le faltaba aún un día camino en dirección a Hispalis, pasar por el poblado de Callensis Aenanicci y acceder por la calzada romana que va desde Urium hasta Onuba para llegar a la ciudad de Cortalago, en las Minas Imperiales de Roma, conocida tiempo después como Llano de los Tesoros.

Calzada romana en Callensis Aenanicci - Zalamea (foto Antonio Conejo)

Media jornada antes de llegar, se cruzó con un destacamento del ejército que estaba realizando las labores de control y seguridad en el Castellum del Castillejo de la calzada romana. Las minas romanas estaban gestionadas por el ejército, el cual llevaba el control de las labores de planificación minera y metalúrgica, asegurando el abastecimiento y suministro de materiales para consumo de la población. Al frente de estas minas estaban los Procuradores y el romano llamado Pudens, que aunque vivía en Itálica o en Híspalis, fue el procurador de las Minas de Riotinto y le dedicó una placa de bronce al emperador Nerva.

Cuando Lucius Iulius Reborrinus vio la ciudad de Cortalago desde lo alto del Cerro Colorado, no pudo imaginarse que en ella vivían cerca de 20.000 personas, en la que trabajaban otros tantos de esclavos y en la que había más de 1.000 pozos mineros y una gran actividad económica; por tanto supuso una excelente oportunidad comercial para este artesano especializado en la fabricación de estos útiles que eran muy demandados tanto para las minas como para el poblado minero, para uso doméstico y uso funerario. Cortalago, también llamado Urium, era un poblado lineal de unos 3 km de longitud y 200 m de anchura, de arquitectura pobre en materiales elaborados en el mismo sitio y donde la población estaba perfectamente surtida de materia prima de gran calidad, llegados de todos sitios de la comarca.


Poblado minero de Cortalago, Urium o Llano de los Tesoros

El alfarero llegó a mediados de siglo I a Cortalago, y se dirigió a la casa del gremio de los alfareros y ceramistas. Se presentó, le mostró sus productos y le dieron un sitio para empezar a trabajar al día siguiente. Lucius estaba acostumbrado al trabajo duro, pero joven como era, no dudó en tener un rato libre para ir a una taberna cercana a tomar un buen trago de vino llegado en grandes tinajas desde los pueblos de la tierra llana de la Bética.

A la mañana del día siguiente empezó a trabajar la arcilla mezclada con tierra rojiza extraída de la misma zona minera, donde era conocida como gossan, la cual le proporcionaba un característico color púrpura a cada una de las lucernas que elaboraba. Durante los siguientes meses el joven alfarero elaboró miles de lámparas tanto para uso de las minas imperiales, como para uso de las viviendas de la población de Urium; incluso llegó a tener varios encargos para las Minas de Tharsis, Peña de Hierro y las minas de cobre de Cerro Muriano en Córdoba.

Una tarde, cansado de tanto trabajar, fue a tomar un trago de vino a la taberna del Maxi, como solía hacer en muchas ocasiones. Al pasar por la domus del comerciante de telas, vio que salía por la puerta principal la esclava sirvienta del vendedor, quedándose prendado de su belleza, de rostro moreno, ojos marrones y pelo rizado color azabache. La chica, algo más joven que él, se hacía llamar Fortunata y a partir de ese día emprendieron una intensa relación amorosa, de cariño y amistad, aunque nunca llegaron a contraer matrimonio, ni a tener descendencia conocida, debido a la relación de “contubernia”, prohibida en la época.

Al liberto Lucius Iulius Reborrinus le fue bien el negocio, era conocido en toda la provincia por sus famosas lucernas y se hizo de un interesante capital. Fabricó miles de lucernas mineras y domésticas, que una vez rota quedarían esparcidas con el tiempo por todas las escombreras mineras.

Pero además, aparte de su trabajo y la relación amorosa con Fortunata, tenía otro ocio, la colección de monedas antiguas de distintas épocas. De esta manera Lucius llegó a tener hasta 113 denarios de emperadores romanos, como Nerón y Nerva y 3 monedas de oro, Aureus, de Vespasiano y de Trajano, el primer emperador hispano. La diferencia de edad entre las monedas que había coleccionado Lucius en el tiempo era tan solo de 80 años de antigüedad, pero de todos los emperadores romanos de ese periodo; desde la dinastía Julio-Claudia hasta la dinastía Antonina.

Aunque la cantidad de monedas que tenía el alfarero no tenía gran valor para su época, ya que al cambio suponían 752 sestercios y equivalían a dos meses del salario del funcionario mejor pagado, Lucius la ocultaba en una bolsita de cuero dentro de un agujero en la pared de su vivienda. Pero la mina avanzaba, siempre ha avanzado, se movía como un ser vivo, cambiado de forma y devorando todo aquello que se encontrara a su paso.



Aureo del emperador Trajano, año 114 d.C. 

Una tarde después de regresar de su taller, vio en la lejanía del Cerro San Dionisio como una parte del poblado de Cortalago, debido al ritmo acelerado de la actividad minera, se hallaba derrumbado. Y mucho peor fue cuando al acercarse vio que las habitaciones de su vivienda formaban parte de las nuevas escombreras formadas por miles de toneladas de escorias de mineral y restos de fundición, perdiendo todo el pequeño patrimonio que poseía, y entre ello la bolsa con su tesoro de monedas.


Lucius tenía que sobreponerse a este duro golpe de la realidad y, junto a su amada Fortunata , continúo trabajando de manera intensa en lo que mejor sabía hacer, la fabricación de lucernas de arcilla, hasta que un día a la edad de 41 años falleció, en el siglo II d.C., en época del emperador Adriano.


Denario del emperador Nerva, año 96 d.C. 


Casi veinte siglos después, en el año 1970, los arqueólogos José María Luzón y Diego Ruiz, haciendo unas excavaciones arqueológicas en la necrópolis romana de la Dehesa en las Minas de Riotinto, se encontraron de manera fortuita con un extraordinario hallazgo: un enterramiento de incineración rodeado por un muro de sillares, el cual estaba cubierto por una gran losa de pizarra que en el centro tenía perforado un hueco para una pequeña losa de mármol. Esta losa contenía la siguiente inscripción:

D.M.S.
L. IVLIVS. REB
VRRINVS. OLIS(i)P
AN. XLI. H.S.E.S.T.T.L.
FORTUNATA. CON.
TUBERNALIS. F.C
 
CONSAGRADO A LOS DIOSES MANES
LUCIUS IULIUS REBURRINUS. OLISIPO [Lisboa].
DE 41 AÑOS, AQUÍ ESTA ENTERRADO. SEA PARA TI LA TIERRA LEVE.
FORTUNATA SU CONTUBERNAL
SE OCUPO DE QUE FUESE CONSTRUIDO

En la excavación de la sepultura se encontró además una pieza pequeña de hierro muy oxidada y un tintero de arcilla de color rojo brillante.

Aunque la saga familiar de los Reburrinus solían dedicarse al oficio de alfareros, no sería aventurado suponer que Lucius Iulius Reborrinus fuera el alfarero L.I.R de las lucernas mineras del suroeste peninsular, no sólo por la coincidencia de las iniciales de su nombre en la placa del enterramiento y en cientos de fragmentos de lucernas encontradas por toda la zona minera, sino también por la coincidencia con la edad cronológica en la que se desarrolla la vida de este personaje.

Algunos años más tarde, en el verano de 2017 durante las excavaciones arqueológicas realizadas a cargo de la empresa Atalaya Mining en el yacimiento romano de la ciudad de Cortalago, en un muro del poblado donde se depositaron vertidos con escorias, fragmentos de hornos, carbones, etc, se encontró un grupo de monedas compactado en un fuerte bloque y varias monedas sueltas que se habrían desprendido del mismo montón. La disposición agrupada de las monedas, podría suponerse que se habían ocultado en el interior de una bolsa de cuero que con el tiempo habría desaparecido.



El tesoro altoimperial de denarios y aúreos del vicvs minero de Cortalago, como lo denominan los arqueólogos, contiene 116 monedas en un excelente estado de conservación, formadas por 113 denarios y 3 áureos perteneciente a un periodo de 80 años, desde el 64-65 del emperador Nerón hasta el año 143 d.C. del emperador Antonino Pío y que debido a su escaso valor comercial, pudiera haberse coleccionado por otro interés distinto al económico; por ejemplo, como nos sugiere este artículo, por puro interés numismático. Pero como se observa en la fotografía del hallazgo, las monedas estaban bien guardadas y apretadas en un pequeño saco que le había dado la forma durante siglos para tener una mayor protección.

Esta es la historia de la vida cotidiana de Lucius Iulius Reborrinus, el alfarero de Lucernas romanas de las Minas de Riotinto. Una historia imaginada que pudiera haber sido realidad gracias a las investigaciones realizadas por el grupo de arqueólogos. L.I.R, el alfarero de Riotinto, habitante de Urium durante el siglo II d.C. en época del emperador Adriano, que grababa las piezas con su tintero de arcilla roja, coleccionista de monedas de emperadores romanos y que fue incinerado en la necrópolis romana de la Dehesa por su amada Fortunata .


    Lucerna romana con las iniciales L.I.R. - Catálogo Minero de Riotinto

BIBLIOGRAFÍA                                                                 

·  https://dialogosenlacallesanz.blogspot.com/ 

· 1970-JM LUZON NOGUE-EI poblado minero romano de Riotinto

· 2017 - El tesoro altoimperial de denarios y aúreos del vicvs minero de Cortalago- Alicia Arévalo y Elena Moreno - UHU.ES

· 2017- Alfares onubenses - Jessica O´kelly - UHU.ES 

· 2006 - Catálogo Museo Minero de Riotinto

· 2021 - Urium. El poblamiento romano en las Minas de Riotinto- Juan Aurelio Pérez Macías, Luis Iglesias, Aquilino Delgado - Onoba Monografías-nº 11-2021

· 1994 - Domínguez Cornejo, M. y Domínguez Pérez de León, A. – Zalamea la Real. Aproximación Histórica - Ayuntamiento de Zalamea la Real



jueves, 28 de noviembre de 2024

LAS MINAS DE RIO-TINTO EN EL TRASCURSO DE SIGLO Y MEDIO

"LAS MINAS DE RIO-TINTO EN EL TRASCURSO DE SIGLO Y MEDIO", escrito en 1875 por Lucas de Aldana, Ingeniero del Cuerpo de Minas del Estado y publicado por el Establecimiento Tipográfico de Pedro Núñez, en Madrid.

Lucas de Aldana y Goitea (Bilbao 1815 - Madrid 1879) fue Director Facultativo de las Minas de Rio-Tinto y tras realizarse la venta de las minas a la Casa Matheson y compañía de Londres por 92.800.000 Ptas en 1873, quiso escribir sobre el pleito que los herederos de Francisco Thomás Sanz tenían con el Estado, 73 años después de la muerte de aquel, que se produjo el 2 de octubre de 1800.


La familia de Sanz, a través de su biznieto, reclamaba dos créditos: uno eran las propiedades que el Estado se apropió en 1783 y el otro era por los trabajos subterráneos que su bisabuelo había hecho en las minas hasta 1791.

En esta fecha de 1873, cuando se escribe este libro, aparece una figura jurídica mercantil que 150 años después me la he encontrado en mi vida profesional, el Derecho de Refaccionario, por el cual los herederos de Sanz reclamaban la preferencia de percibir los gastos derivados por el aumento de valor de las minas.



Una vez que Aldana escribe el informe, se lo presenta al Secretario General del Ministerio de Hacienda, quien se lo envió a los compradores de las minas. Pero a Aldana le pareció interesante ampliar este trabajo con la historia de las Minas de Rio-Tinto, y esta era una ocasión oportuna, por lo que extendió de 7 a 18 capítulos el libro y más de 400 páginas. Aldana entrega el borrador del libro a la Casa Matheson y una vez revisado se lo devuelve a través de su representante en Huelva en diciembre de 1874.




El prólogo del libro termina así: “ … este libro lleva una inmensa ventaja de los asuntos que se tratan, porque si no fuera así la empresa compradora no hubiera acordado hacerlo imprimir a su costa, y en tal concepto se cree satisfecho de haber llevado su grano de arena al majestuoso edificio de la historia”


jueves, 24 de octubre de 2024

ENSAYO SOBRE LA HISTORIA DE LAS MINAS DE RIO-TINTO

ENSAYO SOBRE LA HISTORIA DE LAS MINAS DE RIO-TINTO escrito  en 1859 por Don Ramón Rúa Figueroa, Ingeniero del Cuerpo de Minas del Estado y publicado por la Imprenta de Viuda de Don Antonio Yenes.

Edición facsímil publicado por Ediciones Consulcom 



BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA
https://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000038784


Con una manera muy peculiar y personal de escribir, Rúa Figueroa (Santiago de Compostela, 1825 - Madrid, 1874) publica el primer libro sobre la historia de las Minas de Rio-Tinto desde épocas remotas, como diría al principio de su obra, hasta años antes de la entrada de los ingleses en la Onuba Aestuaria.

Primera página


Este Ingeniero de minas que trabajó para las Reales Minas de Rio-Tinto y después como asesor para la Rio Tinto Company Ltd en 1873 junto con el primer equipo de trabajadores españoles, recoge en esta magnífica obra dibujos de las primeras monedas romanas encontradas en las galerías, describe el texto completo que narra las andanzas Diego Delgado, enviado por Felipe II a esos andurriales y la llegada en 1725 del redescubridor de las minas, el sueco Lieberto Wolter.


Placa de cobre utilizada por los buceadores de Wolter en Vigo. Está escrita en ruso antiguo con las indicaciones para comunicarse con la superficie

320 páginas, 8 capítulos, 9 documentos anexos y 4 tablas con datos de producción de cobre desde 1737, forma parte de este trabajo de recopilación de noticias históricas y técnicas. Con más de 300 notas a pie de página, cita a una gran cantidad de escritores y pensadores de la historia como Plinio, Tito Livio, Estrabon, las Sagradas Escrituras, Rodrigo Caro y más actuales a su época como Ezquerra del Bayo, Lucas de Aldana, etc.

Una gran obra que hizo suya David Avery para escribir nuevamente la Historia de las Minas de Rio-Tinto, ampliándola hasta 1954, año que pasó a manos españolas a través de la Compañía Española de Minas de Riotinto.



jueves, 5 de septiembre de 2024

EL DESLINDE DE LAS REALES MINAS DE RIO-TINTO DE LA VILLA DE ZALAMEA LA REAL

El término de la villa de Rio-Tinto fue de Zalamea, hasta que el Estado se lo apropió a mediados del último siglo, contra el derecho inconcuso de esta villa, por corresponder el término al común de los vecinos que lo compraron a la corona con su señorío, a principios del siglo XVII.

Diccionario Geográfico-Estadístico de Pascual Madoz publicado en el año 1845.


Antiguo pueblo de Riotinto, visto desde el lado este, sobre 1890


Desde que en 1725 le fuera otorgado a Lieberto Wolters Real Asiento por el Rey Felipe V para explotar las Minas de oro y plata de Guadalcanal, Rio Tinto, Cazalla, Aracena y Galaroza hasta el año 1841, que se produjo la segregación del pueblo de Riotinto de Zalamea la Real, y la constitución de su ayuntamiento, "sucedieron los acontecimientos más importantes de las Minas de Rio-Tinto", tal y como escribiría Ramón Rúa Figueroa, ingeniero del cuerpo de minas del Estado, en su libro "Ensayo sobre la historia de las Minas de Rio-Tinto" impreso en 1859.

 

El sueco Lieberto Wolters Vonsiohiem llegó a España para extraer del fondo de las Rías Bajas, en Vigo, la plata hundida por la flota de barcos llegados de las Indicas Occidentales, la más más rica que jamás había llegado desde América, como consecuencia de la batalla que se produjo entre los barcos de la flota anglo-holandesa y la flota hispano-francesa, conocida como la Batalla de Rande, en Redondela, Vigo.


Flota hundida en el estrecho de Rande. Grabado de la época


Años más tarde, ante el fracaso de encontrar tesoro alguno bajo las aguas gallegas, llegaría a la Aldea de Riotinto, hoy Nerva, sorprendido por la riqueza de sus minas en oro y plata. Wolters solicitó al Rey permiso para la explotación de las minas, pero al poco tiempo de concederle Real Asiento falleció, dejando en herencia a su sobrino Samuel Manuel Tiquet (su madre Ester Wolters Vonsiohielm era hermana de Lieberto) su legado sobre la explotación de las Minas de Rio-Tinto.


Los comienzos de la explotación minera no fueron fáciles para Tiquet, pero desde sus inicios se había registrado un incremento continuo del volumen de cobre fundido, debido a la notable influencia que había tenido la llegada de especialistas en minas y metalurgia alemanes contratados por los suecos. En 1746 le concedieron a Samuel Tiquet la renovación del Asiento de concesión de las minas por otros 30 años más, hasta 1776.

Francisco Thomás Sanz (Huelva Buenas Noticias)

Aunque no está muy claro como apareció en las Minas, en el año 1747 llegó el controvertido Francisco Thomás Sanz a Rio-Tinto, para ofrecerle a Tiquet su escasa fortuna y la cooperación en esta sociedad. El asentista Samuel Tiquet, que había renovado la concesión un año antes, lo admitió en su empresa y en 1753 lo nombró apoderado de las minas. Tal fue la amistad y la confianza dada al llamado Sastre de Valencia, que le decía compadre” y días antes de la muerte de Tiquet, el 11 de septiembre de 1758, firmó Testamento ante el escribano público y de cabildo de la villa de Zalamea la Real, Matías García Maldonado, nombrando a Sanz Administrador, que no Asentista, de las Reales Minas de Cobre Rio-Tinto. Años más tarde el juez conservador Martín Alonso de Bolaños lo denunció por utilizar indebidamente el título de Administrador-Asentista. Contaba la sociedad en esos años con 14 trabajadores.

Durante los años siguientes, el nuevo administrador de las minas llevó a cabo los desmontes necesarios para el beneficio de los minerales y la construcción de los edificios, fábricas, presas, cañerías, carriles y puentes. El primer horno de fundición construido lo llamó Ntra. Señora de los Desamparados o El Chorrito en la zona de Los Llanos.

Con el fin de promover el desarrollo de aquella colonia de trabajadores y evitar las emigraciones de los obreros, Sanz edificó más de 40 casas en la ladera sur del Cerro Salomón, construyó una iglesia con campanario y reloj para 600 fieles, que años más tarde se ampliaría para 900 personas y cinco retablos, el mayor de ellos dedicado a Santa Bárbara; una panadería, fuentes, abrevaderos y fértiles huertas, e incluso se llegó a decir que iba a canalizar hasta la misma plaza de aquel poblado las delicadas e intermitentes aguas de la conocida como Fuente del Mal Año.


Vista general del pueblo conocido como La Mina- Hauser y Menet 1892 

Viendo la necesidad de arbolado que tenía el pueblo que se iba formando para la construcción de nuevas viviendas y para la entibación de túneles de la explotación minera, hizo traer del condado de Niebla una gran cantidad de piñones que sembró en los alrededores de la mina, como el cerro San Dionisio, Mesa de los Pinos, Barranco de Campillo, etc.

Los excesos realizados por la administración de Sanz en la corta de árboles y leña en  términos realengos de la villa de Zalamea la Real, construyendo hornos para las fundiciones y afinaciones, destruyendo los montes de alrededor, haciendo suyo el negocio de las porciones de trigo cedidas a los trabajadores y realizando facultades que no le competían, tuvo sus quejas en el concejo de Zalamea la Real en 1765, denunciando el alcalde y los regidores a la Junta General de Comercio, Monedas y Minas estos abusos. Pero esta acusación no pudo ser demostrada y agenos a la verdad con recursos falsamente fundados para distraer al administrador del cuidado de las minas”, no prosperó, por lo que sancionaron a la villa de Zalamea con una multa de 300 ducados de vellón y el perpetuo silencio en las instancias que han hecho contra el administrador. En esta época trabajaban en las minas unos 400 trabajadores, la mayor parte de ellos eran de Zalamea.

Después del varapalo impuesto a la villa de Zalamea la Real, en octubre de 1775 Juan Domingo de Albizu, procurador representante del concejo de Zalamea, presenta ante el Juez una solicitud sobre la propiedad, uso y disfrute del partido conocido como El Escorial, denunciando además, nuevas quejas sobre el administrador de las minas, sus dependientes y sus criados; de hecho, el yerno de Sanz y tesorero de la empresa, Atanasio Rodríguez, era conocido como “El Satanás de las minas”. El número de empleados de la mina se había incrementado y contaba en ese año con 780 trabajadores.

Aunque en 1776 había caducado el Real Asiento sobre la concesión por las minas dadas a Samuel TiquetFrancisco Thomás Sanz continuó hasta 1783 siendo administrador de las Reales Minas de Cobre Rio-Tinto.

Los enfrentamientos por el dominio del lugar conocido como El Escorial, entre Sanz y la villa de Zalamea la Real se fueron sucediendo durante varios años más. La llamada posteriormente como Dehesa de los Escoriales, donde abundaban las encinas entre grandes extensiones de pasto, era utilizada por los vecinos del lugar desde tiempos remotos para el consumo de su ganado, montaneras, sembrados, arbolado, etc. y recogido su uso y disfrute de estas tierras en las Reales Ordenanzas de Zalamea de 1584.


Primera página de las Ordenanzas de 1535


Según carta firmada el 21 de diciembre de 1785 por el párroco D. Joseph Phelipe Serrano, en su Descripción de la Villa de Zalamea la Real en el Arzobispado de Sevilla, el término y jurisdicción de esta villa tenía las siguientes 31 Aldeas: Villar, Buitrón, Pozuelo, Delgadas, Corralejo, Montesorromero, Pie de la Sierra, Riotinto, el Ventoso, Hermitaños, Traslasierra, Campillo, Marigenta, Membrillo Bajo, Membrillo Alto y otras que están arruinadas: Villar de la Lancha, Aviud, Pedro Simenez, Padre Caro, Duceta, Chamorro, Canos, Alcobazas, Zecimbre, Posadas, Casas Viejas, Buitroncillo, Toril, Navanto, el Puerto y Fuentelimosa.

No fue hasta el 4 de julio de 1790 cuando se aprueba Resolución por la Real Junta de Comercio, Moneda y Minas, con Manuel de Aguirre y Horcasitas como administrador de la compañía minera, para proceder al Deslinde convencional verificado con el mejor acuerdo y armonía del término jurisdiccional de las minas. De esta forma, se pacta por el mismo Aguirre, el contador de las minas Vicente de Letona, los delegados del Ayuntamiento de Zalamea y la dirección del agrimensor Andrés de Cañete, realizar el Amojonamiento y la Demarcación de las Reales Minas de Rio-Tinto y el término de la villa, tomando como linde la distancia de una legua castellana desde el lugar de cada una de las bocas de los principales pozos mineros que había en la explotación. Así se conformaría el actual término minero de Rio-Tinto de 2.331 hectáreas con una configuración semicircular y no buscando para su territorio otros lugares de interés como tierras fértiles, aguas potables o caminos rurales.

 

Estos fueron los puntos geodésicos que señalaron para definir el distrito minero; las letras se corresponden con los puntos señalados en el mapa de 1867:


Revista Minera-Mapa de 1867 

1.- (C) Pie de la Sierra, 93 varas de distancia hasta 2.-Cerca del Barranco, 340 varas hasta 3.- Huerta del Barranco, 180 varas hasta 4.- “Tirando al norte en una ladera de riscos”, 113 varas hasta 5.- A la espalda de la Huerta del Barranco, 324 pisadas hasta 6.- Corral del Cabezo de los Cantos, 896 varas hasta 7.- Suerte del Rejío, 100 varas hasta 8.- Huerta de la Dehesilla, 220 varas hasta 9.- Solana la Parrita, 600 varas hasta 10.- Collado del Chaparral, 400 varas hasta 11.- Solana del Castillejo, 396 varas hasta 12.- (B) Alcornocal de la Baña, 176 varas hasta 13.- Cima del anterior cerro, 656 varas hasta 14.- Sitio del Chirivitilejo, 244 varas hasta 15.- El Repecho, 728 varas hasta 16.- Molino de Canelo, 860 varas hasta 17.- Cerro Malaencina, 335 varas hasta 18.- Collado del Murtoso, 343 varas hasta 19.- (A) Cerro Guigarroso, 140 varas hasta 20.- “En el pecho del anterior cerro”, 596 varas hasta 21.- Vega de la Higuera que baña el arroyo Rejondillo, 2.066 varas hasta 22.- La mitad de dicho arroyo en la pasada de las Ventas, 1567 varas hasta el 23.- Pasada de Campofrío, 444 varas hasta el 24.- Pasada de las Palomas, 1.262 varas hasta el 25.- Terminación del anterior regajo, 320 varas hasta el 26.- Camino de la Aldea de los Ermitaños, 612 varas hasta el 27.- Cerro de la Era, 698 varas hasta el 28.- Las Cruces, 1.472 varas hasta el 29.- Siguiendo los dos arroyos de Barranco del Lobo y de las Cruces, en la Vega del Molinillo, 1.572 varas hasta el 30.- Puente de Rio-Tinto y dicho río por su mitad, 1.280 varas hasta el 31.- Molino del Barranco y una casilla y dividiendo la sierra por su mitad 1.140 varas hasta el primer mojón (C)  Pie de la Sierra.

Pero el administrador de las minas Manuel de Aguirre no estaba del todo convencido de este acuerdo y fundando sus pretensiones en que las Minas le reportaban al Estado una gran riqueza, quiso un año más tarde en 1791, que se constituyera como villa la población de las Minas de Rio-Tinto, ya que contaba por aquella fecha con 120 casas, instándole una carta al Rey Carlos IV y proponiendo el nombre de Villa de San Luis de Rio-Tinto, en honor a la reina consorte María Luisa de Parma, y que fuese de su real agrado y digno obsequio de la regia esposa.

A su vez le escribió carta a la Villa de Zalamea para que le informase sobre las proporciones que hay para pastos, abrevaderos, construcción de casas capitulares, cárcel, ampliación de la población y oficinas públicas. Pero la respuesta del cabildo de Zalamea fue negativa porque no había en las Minas terreno donde pastasen el ganado, con tierras ácidas y montuosas, y donde las únicas aguas disponibles eran las agrias del Rio-Tinto. Añadía, además, que los únicos vecinos que tenía el pueblo eran trabajadores de las minas y era incompatible para ejercer cargos públicos.

Finalmente las aspiraciones de Aguirre quedaron sepultadas en el olvido.

Entrado el siglo XIX con los problemas de la Guerra de la Independencia, las minas continuaban con su decadencia siguiendo paralizadas las labores del establecimiento y en 1821 el Ayuntamiento de Zalamea la Real reclamaba la adhesión de los 70 vecinos que había en las Nacionales Minas de Rio-Tinto, los cuales no pagaban contribución ni entraban en quintas y que el Juez era el mismo administrador de las minas.

 

Minas de Riotinto sobre 1883


En 1825 la población de las Reales Minas de Rio-Tinto realiza el intento de independizarse de nuevo, tomando como nombre el de Amalia de Riotinto, esta vez en honor a la madre del rey, María Amalia de Sajonia, pero su deseo fue inútil.

El 24 de abril de 1829 fueron arrendadas las Minas de Rio-Tinto por una duración de 20 años a Gaspar de Remisa. Aparte de los criaderos de mineral y las fábricas de fundición, los activos principales recibidos fueron 444.000 pinos, 1.700 encinas, 300 chopos y 136 casas incluida la posada y el amasadero.

Gaspar de Remisa 


Finalmente el 3 de mayo del año de 1841 la Diputación de Huelva, creada en 1822, acordó la formación del Ayuntamiento del pueblo de Riotinto, bajo la presidencia provisional del alcalde de Zalamea, resignando el administrador de las minas de su antiguo mando de Juez ordinario en aras de la nueva municipalidad y tomando el pueblo el nombre de Minas de Riotinto.

El nuevo pueblo creado no tenía apenas terreno, ya que las desoladas tierras de alrededor, segregadas en 1790, pertenecían al Estado el cual las arrendaba para explotar las minas. De esta forma, para incrementar la necesidad de recursos naturales, intentara anexionar a su término la villa de Berrocal, la Aldea de Riotinto y El Ventoso; cosa conocida que fue denegada. Muchos años después, en 1919, la aldea de Naya, que había pertenecido a Zalamea la Real, se anexionaba al pueblo de Minas de Riotinto.

A partir de 1873 con la llegada de la Rio Tinto Company Ltd la mina empieza a ampliarse y se necesita más mano de obra y por tanto más viviendas para acoger a los obreros y a sus familias. El pueblo de Minas de Riotinto creado en la falda del Cerro Salomón y al borde de la mina llamada Filón Sur, llegó a alcanzar los 10.671 habitantes, según el censo de población del año 1887

En 1908 la Calle Sanz, antigua calle del Perejil, había prácticamente desaparecido y una fuerte tormenta hizo que la Plaza de la Constitución se partiera por el mismo centro sin causar víctimas. El traslado de la población al nuevo pueblo de Minas de Riotinto que actualmente conocemos empezaba a producirse. La mina devoraba al pueblo y la iglesia que llegó a tener una capacidad para 900 fieles con 5 retablos se derrumbó el 15 de septiembre de 1916 a las 5 y cuarto de la tarde.

Caída de la Torre del antiguo pueblo de Minas de Riotinto 15-9-16 5 1/4 de la tarde

La configuración actual del nuevo pueblo minero la proyectó el arquitecto de la Rio Tinto Company Ltd, Alan Brace en el año 1927, el cual diseñó el Valle con viviendas unifamiliares y edificios singulares como, pescadería, mercado, piscina, escuelas, ayuntamiento, casa de huéspedes, oficinas de dirección, etc. Alan Brace también rehabilitó algunas casas de Bellavista y construyó dos casas pareadas en la estación de Marín.

El recién creado pueblo ya tenía marcada una fuerte identidad y era parte importante de la geografía española. Todo aquel viajero que llegaba a Huelva, no dejaba al margen las minas de Riotinto y su visita al pueblo minero, como Richard Ford (1841), William Ramage Lawson (1890), Rodrigo Amador de los Ríos (1891).


 BIBLIOGRAFÍA                                                                 

·   https://dialogosenlacallesanz.blogspot.com/ 

· Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar – Pascual Madoz – 1845-1850

·  Ensayo sobre la historia de las Minas de Rio-Tinto - D. Ramón Rúa Figueroa – Imprenta de la viuda de don Antonio Yenes – 1859 

·  La provincia de Huelva– Historia de sus villas y ciudades – Zalamea la Real – José Manuel Vázquez Lazo – Diputación de Huelva 2014

· González Vilches, Miguel – “Historia de la arquitectura inglesa en Huelva”– Universidad de Sevilla y Diputación Provincial de Huelva – 2000

·  El Rincón Onubense – Manuel Hidalgo Caballero – Diputación de Huelva – 1980 

· Memoria antigua de romanos, nuevamente descubierta en las Minas de Rio-Tinto – Clásicos de la Arqueología de Huelva Nº 6 – Mª Dolores Fernández-Posse - Fco Javier Sánchez Palencia-Diputación de Huelva – 1993

·   Huelva Buenas Noticias

·   Archivo General de Indias e Instituto de Estudios Vigueses

·   Revista Minera 1870. Tomo 21 


LUCIUS, EL ALFARERO DE RIOTINTO

Esta es la vida contada de Lucius Iulius Reborrinus , el alfarero romano de lucernas mineras de Riotinto. Una historia basada en dos extraor...