miércoles, 26 de agosto de 2026

MINA GUADIANA, LA ALDEA DEL SIGLO XXI QUE NUNCA EXISTIÓ EN ZALAMEA LA REAL

En septiembre de 1943 el prestigioso arquitecto Alejandro Herrero Ayllón diseñó una moderna aldea para los trabajadores de las Minas Guadiana y Posterera, cercanas a las Minas de Palanco, para albergar a unas 1.000 personas, pero finalmente no se llegó a desarrollar el proyecto y el poblado no se pudo crear.


Recreación de la aldea MINA GUADIANA

El reloj despertador de cuerda sonó como un estruendo en el silencio de la noche con tal fuerza que parecía un taladro que iba a perforar las antiguas tablas de la mesilla de noche carcomida por las polillas.

Eran las cuatro de la mañana.

Ramón sacó el brazo de las sábanas de algodón y retiró el cobertor para atrás, con la mano le dio con tal fuerza al reloj que cayó al suelo.

No volvió a sonar más.

Cuando Ramón despertó de nuevo había pasado casi una hora, se había quedado dormido porque la noche anterior se acostó tarde enredado con unos amigos en educación y descanso, unas copas de aguardiente y el cansancio acumulado de toda la semana no pudo levantarse a esa hora, había perdido el tren para ir a trabajar a Mina Guadiana, cercana a las Minas de Palanco y a unos 7 kilómetros de distancia de Zalamea.

Ya no le daba tiempo coger la calle abajo e ir a la estación vieja para subirse al tren, así que preparó el talego con un poco de queso y un mendrugo de pan y decidió ir corriendo por el camino del Pozuelo, un camino de bestias que discurría paralelo a la carretera de Huelva a Badajoz.

 

-         Es la segunda vez que esta semana llegas tarde al trabajo Ramón.

-         Pero don Francisco es que...

-         El martes tenías fiebre y hoy has perdido el tren.

-         Don Francisco, he venido corriendo los 7 kilómetros que hay de distancia desde Zalamea para no llegar tarde a la mina. No he podido correr más, usted sabe que tengo un poco de silicosis en los pulmones.

-         Estás despedido Ramón.

-         Pero don Francisco, tengo mujer y cuatro hijos que alimentar y ahora no es temporada de cosecha en Zalamea, hay muchas aguas y en el campo no hay mucha faena. No me puedo permitir perder este trabajo y buscar otro de jornalero.

-         Bueno, dijo Francisco, de momento vete hoy a tu casa, mañana hablaremos.

Francisco Vázquez, director de las Minas Guadiana y Posterera, continuó con el trabajo del día y a media mañana se dirigió al edificio donde estaban las oficinas centrales de la compañía para hablar con Ángel, el propietario del establecimiento minero, informándole de todo lo sucedido con Ramón.

 

-         Francisco no podemos permitirnos perder más obreros, cada vez quedan menos operarios que quieran venir a trabajar a nuestras minas y necesitamos más mano de obra para incrementar la extracción de manganeso. Según los últimos análisis tenemos una alta ley de mineral y el precio se cotiza al alza en el mercado, Europa necesita mineral para su maquinaria y su industria, es una gran oportunidad de negocio que no debemos dejar escapar.

Tenemos que pensar, continuó hablando Ángel, en mejorar las condiciones de los trabajadores, en construir viviendas para que los obreros vivan al lado de su lugar de trabajo, estén más cómodos y no tenga que hacer largos desplazamientos todos los días para ir a trabajar. Como las viviendas que están en Riotinto o las de Peña de Hierro.

Francisco, dile a José, el chófer, que prepare el coche, mañana saldré a primera hora para ir a Huelva. Hablaré con el mejor arquitecto que tenemos en la provincia, Alejandro Herrero. Ah!, y llama al alcalde de Zalamea, don Augusto López, coméntale que me va a acompañar en estas gestiones, tenemos que conseguir el apoyo del ayuntamiento para desarrollar este proyecto en las minas Guadiana y Posterera.


Las labores mineras de Zalamea se remontan a varios milenios atrás. Chinflón, Tinto-Santa Rosa y Minas de Rio Tinto son solo algunos ejemplos. A finales del siglo XIX y principios del XX se llegaron a explotar simultáneamente hasta 19 minas en el término de Zalamea, 11 de ellas fueron de cobre y 8 minas de manganeso. Según la Jefatura Provincial de Minas de la Junta de Andalucía, solo en el municipio de Zalamea la Real, entre 1858 y 1979 se llegaron a conceder más de 1.300 concesiones mineras, de las cuales 541 obedecían exclusivamente a mineral de Manganeso. Algunas de estas concesiones duraron varias décadas y otras no se llegaron a explotar por lo que algunas licencias tan solo duraron algunos días.



Mina Palanco Zalamea la Real


El 30 de mayo de 1866 le concedieron licencia para la explotación de la Mina Guadiana a Manuel Vázquez López y al menos desde 1918 se explotaba el mineral de manganeso, teniendo relevante importancia debido a la Gran Guerra (1914-1918) que necesitaron de este mineral para la construcción de maquinaria bélica e industrial para la contienda. Posteriormente, durante la década de los 40 adquirieron mayor relevancia debido a la segunda Guerra Mundial (1941-1945) ya que el manganeso era un mineral de especial interés militar

La explotación del manganeso estaba protegida y controlada por el Consejo Ordenador de Minerales Especiales de Interés Militar (COMEIM), organismo creado en 1942 para controlar la extracción, comercio y precios de minerales estratégicos, garantizando que el mineral  y otros metales esenciales no salieran del país y sirvieran a las necesidades bélicas e industriales.

En 1943 se electrificó Mina Guadiana llegando la explotación hasta los 120 metros de profundidad del Pozo Maestro, en cuyo momento se redujo tan fuertemente la ley del mineral que no resultaba rentable su explotación y hubo que parar la producción. Las minas Guadiana y Posterera tenían una línea de ferrocarril propia, normalmente tirada por tracción animal, que empalmaba con la línea férrea del Buitrón y ahí cargaba el mineral hacia el Puerto de Huelva.        

Alejandro Herrero Ayllón (Madrid, 1911) estudió arquitectura en Madrid e inició su carrera profesional como arquitecto municipal de Huelva en 1940. Persona de gran cultura y sensibilidad, tanto humana como artística, publicó reportajes sobre la transformación urbanística, social e histórica de la ciudad onubense y se volcó en la vivienda social tanto en la capital como en los pueblos de la provincia. Elaboró el primer Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad de Huelva en 1964 y entre sus obras cabe destacar el patio central del Ayuntamiento de Huelva y los grupos de viviendas de la Huerta Mena y Tres Ventanas.


Patio del Ayuntamiento de Huelva


En 1943 viendo la necesidad social que había en la zonas mineras de la provincia de Huelva y más concretamente en Palanco, cercana al Baquillo, conocida zona de Zalamea donde en apenas 1 kilómetro de distancia había 3 explotaciones mineras, Mina de Palanco, Mina Guadiana y Mina Posterera, diseñó un detallado proyecto para albergar a los mineros y a sus familias en una zona cercana a sus centros de trabajo.

Estas minas distaban de Zalamea la Real 7 kilómetros de camino y las aldeas más cercanas a ellas eran El Pozuelo a 5 km, donde había un ferrocarril y Buitrón a 7 km. Los mineros recorrían diariamente hasta 14 km para ir a trabajar, en gran parte por malos caminos, su rendimiento era pequeño y las condiciones de vidas miserables, según detalla Ayllón. Tampoco era posible conseguir buenos obreros para las minas ya que la mayor parte del término de Zalamea era agrícola y la gente vivía en los campos, al lado de su trabajo. Por ello, estas viviendas sociales tenían que verse desde el prisma de economía extrema ya que las posibilidades de gastos de los mineros eran mínimas.

El Plan que elaboró Herrero Ayllón era de una aldea para 200 empleados de las minas, tanto encargados como obreros, con viviendas de 2 y 3 dormitorios para sus familiares y otras con posibilidad de ampliación, llamadas viviendas crecederas. En el poblado también habría 7 edificios públicos, como escuela, capilla, economato, fonda, casino, lavadero y cementerio, pero también viviendas para comerciantes y artesanos, como panaderos, tenderos, zapateros, alfareros, etc, aparte de un albergue para alojar a los obreros eventuales que necesitaba las minas para sus operaciones diarias.

Aunque en muchos pueblos de la comarca aún no había llegado a las viviendas el agua potable a través de tuberías y menos aún el tratamiento de aguas, a este nuevo pueblo se le dotaría de todos los servicios esenciales, tanto el alumbrado eléctrico por cable aéreo, como el abastecimiento por tuberías de agua potable, saneamiento con alcantarillado y transformación de aguas residuales. Incluso estudió la zona para la creación de huertos hortofrutícolas y pastoreo de cabras, además de zona de recreo para el ejercicio del deporte de la población. Es decir, un pueblo moderno para hospedar a unos 1.000 habitantes con las comodidades del futuro siglo XXI.



Inicialmente se pensó en construir dos barriadas; una para Mina Guadiana y otra para Mina Posterera, pero el emplazamiento no era el idóneo y se tuvo que dejar esta idea. El nuevo poblado sería ubicado en los terrenos colindantes en la finca El Baquillo que era propiedad de Eduardo Carvajal, cercano a las minas, al ferrocarril y a la carretera Huelva-Badajoz.

El proyecto diseñado por Ayllón se realizaría en 3 etapas y el levantamiento de 170 viviendas:

La primera de ellas con la construcción de 50 viviendas, conducción de agua, y alcantarillado con colector para las aguas residuales.

La segunda etapa acogería la edificación de 60 viviendas, albergue, economato, escuela y pavimentación de la plaza del pueblo.

Y la tercera etapa el levantamiento de otras 60 viviendas, capilla, fonda, casino y lavadero.

De esta manera, la construcción del pueblo se realiza de manera gradual atendiendo a la demanda más inmediata, como las viviendas y el abastecimiento de agua, las escuelas después y el casino por último, ya que, según Ayllón, las atenciones religiosas se pueden realizar semanalmente en las aldeas más inmediatas, no así la asistencia diaria de los niños a clase.

El estudio para la construcción de las viviendas era totalmente innovador; el vestíbulo, la cocina, los dormitorios e incluso el aseo estaban pensado para tener la máxima comodidad de los residentes.

La cocina tendría también la función de comedor, lo que hoy se conoce como cocina americana. Cocina con una hornilla y fregadero, y comedor-estancia con chinero, una mesa protegida de las corrientes de paso y una chimenea de leña. De esta manera tendría dos fuegos que a la misma vez darían calor a la casa por invierno. También estudió la colocación de la grifería del lavabo, fregadero y retrete, con objeto de reducir el material empleado para su instalación. En esa fecha a principios de los años 40, en los pueblos de la comarca no existían los cuartos de baños, pero Herrero Ayllón diseñó un cuarto de aseo con lavabo, ducha y retrete.  Pero todo ello con las medidas reglamentarias marcadas por el Instituto Nacional de la Vivienda, aunque utilizando una variada bibliografía internacional de la época, de arquitectos de reconocidos trabajos en New York, Stuttgart o Berlín que él había estudiado.

Curioso es el planteamiento que hace Alejandro Herrero de construcción de la escuela. De manera resumida explica en el proyecto que recomienda situarla con vistas al campo, con ventanal bajo para divisar el paisaje cuando los alumnos estén sentados y alejada de la carretera. Orientada entre el oeste y el sur es el mejor emplazamiento ya que como no hay calefacción, la orientación al mediodía hace posible el calentamiento de las aulas y además con vistas al sur que hay un arroyo. Pero también trata de trasladar las clases al aire libre cuantas veces sea posible, como se solía hacer en Inglaterra. Todo ello dotado de biblioteca, guardarropas, surtidor de agua para beber, retretes y lavabos y sobre todo campo de juego con árboles y césped para hacer deportes.

Ayllón estudió el trazado de las calles del pueblo. Decía que la composición debe de ordenarse con un eje de calles que son vías de comunicación con el exterior, hacia las minas y hacia otros pueblos. La calle principal más ancha y otras calles abiertas hacia el campo y una ligera pendiente constante para la evacuación de las aguas de lluvia y alcantarillado, adaptándose a las curvas de nivel del terreno.

Por último, estudia de manera pormenorizada la solución de las aguas residuales, cuando en los pueblos del entorno no se trataban esos líquidos y discurrían por gravedad a los campos fuera de la población. Propone para el poblado unos pozos de hormigón para decantar los sólidos y la descomposición del líquido, resultando unos lodos que una vez secados en eras, se pueden utilizar como abono fertilizantes para los campos.

Al proyecto técnico del poblado, le acompaña un Estudio Económico para la financiación de este plan que terminaría en el año 1986. Un exhaustivo análisis sobre el coste de las viviendas, la aportación que debe de realizar el Ayuntamiento de Zalamea la Real, la contribución de la propiedad de las minas y los alquileres que deben de pagar los usuarios de las viviendas, incluido seguro de incendios, gastos de conservación, etc.

Un proyecto social concebido en plena posguerra con soluciones urbanísticas adelantadas a su tiempo.

Concebido para ser un pueblo del siglo XXI, nunca sabremos cómo habrían resonado las voces de sus calles, ni cuántas vidas habrían cambiado bajo los tejados que Alejandro Herrero Ayllón imaginó. Hoy solo quedan planos, documentos y el silencio. Porque hay pueblos que desaparecen y otros, aún más fascinantes, que jamás llegaron a existir y que también forman parte de nuestro patrimonio inmaterial, aunque durante un instante estuvieron a punto de cambiar la historia minera de Zalamea la Real.

BIBLIOGRAFIA

-                     Archivo Municipal de Zalamea la Real

-                     https://dialogosenlacallesanz.blogspot.com/

-                     https://zalamealareal-historia.blogia.com/

-                     Piritas de Huelva – Editorial Summa, Madrid 1963 – Isidro Pinedo Vara

-      Catálogo de poblaciones mineras desaparecidas en la provincia de Huelva - Asociación de Amigos del FFCC "Cuenca Minera de Río Tinto" 1995 – Antonio Perejil Delay

-                     https://ahausarquitectos.com


lunes, 29 de diciembre de 2025

LA VENTA DE LAS MINAS DE RIO-TINTO EN 1873

Era una noche fría de febrero de 1873. La ciudad estaba iluminada por unas cuantas lámparas de gas que habían sustituidos años atrás a las antiguas farolas que utilizaban grasa de ballena para producir una llama de luz. Una llovizna muy fina mojaba continuamente el suelo de tierra y la niebla empezaba ya a disiparse de la ciudad.

Un carruaje con dos corceles negros esperaba en la puerta de la céntrica calle londinense del número 3 de Lombard Street, sede de la compañía JARDINE, MATHESON & Co. dedicada al comercio de telas y opio con China e Indonesia.

Decorado de la Casa Consejo en Bellavista-Riotinto 

 

En las oficinas del presidente de la compañía, estaban reunidos varios empresarios y banqueros escoceses, ingleses y alemanes redactando un documento confidencial dirigido al Ministerio de Hacienda del Gobierno de España. Junto al crepitar de las brasas de la chimenea, entre la humareda de puros habanos y las botellas de whisky escocés, empezaron a firmar uno tras otro, con pluma y tinta negra el escrito de aquel papel. Una vez rubricado por todos ellos, se secó la tinta sobrante y quedó sellado y lacrado para no ser abierto por nadie hasta que llegara a su destino. Sin mediar palabras, Hugh Matheson tomó la carta, avanzó hasta una persona que esperaba con calma en uno de los sillones de estilo victoriano y se la entregó a William Macfarlane, empleado de la compañía, que con un gesto misterioso, sabiendo de antemano qué tenía que hacer con el manuscrito, se la guardó en el bolsillo interior de su levita, se abrochó los botones dorados, se ajustó su sombrero de copa y cogió el bastón de paseo.

 

Firmas del interior del libro "Not a Queen Victoria´s Birthday" - David Avery 1974

De repente se abrieron las gruesas puertas de madera de roble del edificio y cuatro fornidos hombres sacaron a cuesta una pesada caja de madera forrada por láminas de latón y cerrada con un gran candado de hierro. La subieron al carruaje que esperaba paciente y la introdujeron en un departamento secreto bajo el suelo de los pasajeros para ocultarla de la vista de cualquier observador inoportuno.

 

En estos momentos empezaba un viaje secreto, cuidadosamente planeado, por el que se iba a proceder a vender por la Hacienda Pública española las afamadas Minas de Rio-Tinto, una operación financiera que cambiaría para siempre la historia económica de España y especialmente de la provincia de Huelva, que la iba a colocar en la vanguardia de todo el país a principios del siglo XX.


Sello de The Rio Tinto Company Limited 

Los dos briosos caballos tiraron con fuerza del carruaje, que empezó a moverse dejando las huellas de sus rodaduras por las mojadas calles de la ciudad, y se dirigió directamente al puerto marítimo de Folkestone, al sur de Inglaterra, para tomar a primera luz del día el vapor y cruzar navegando el estrecho del Canal de la Mancha para alcanzar las costas francesas al mediodía.

 


En la ciudad de Calais se hospedaron en una posada del camino que le ofrecieron una cómoda y limpia habitación y unos guisos caliente de carnes de venado aderezado con ciruelas e higos confitados, estragón, pimienta, mostaza y miel y una botella de vino rojo de Borgoña. Pero aún le quedaban varios días para llegar a París y tomar el tren en la estación de Austerlitz y cruzar Francia hasta las frías montañas de los Pirineos. Al llegar a España los viajeros tomaron de nuevo un carro tirado, unas veces por caballos y otras por bueyes y notaron el cambio en las calzadas, en el hospedaje y en la comida. Como diría Richard Ford, algunos años atrás, un viaje por malos caminos y peores posadas.

 


Tras varios días de viaje y no haberse percatado nadie de la enorme fortuna que contenía aquel cofre, el día 5 de abril de 1873 el carruaje con el cargamento secreto llegó a su destino final, Madrid, a la Tesorería Central del Ministerio de Hacienda de la República española. La caja acorazada contenía 422.680 Libras esterlinas en monedas de oro, que equivalían a más de 10 millones de las antiguas pesetas del siglo XIX, primer pago por la venta de las minas, realmente un tesoro para el peculio nacional.

 

Ministerio de Hacienda Fuente: www.hacienda.gob.es

Pero todo empezó varios años atrás, cuando el 27 de junio de 1870 salía publicada una Ley en La Gaceta de Madrid, antiguo Boletín Oficial del Estado, para proceder a la Venta de las Minas Nacionales de Riotinto, sitas en término de Zalamea la Real, con todos sus edificios, montes y terrenos anejos, hierros, útiles, efectos, caballerías y demás existentes en el Establecimiento de la pertenencia del Estado.




El artículo segundo de la Ley decía que el Estado transfería a perpetuidad el derecho de propiedad que tenía sobre el suelo y el subsuelo, un caso excepcional y único en todo el territorio nacional, ya que vendía no solo las propiedades del establecimiento, sino también todo el terreno que estaba en lo más profundo del suelo minero hasta ……. los confines del centro de la Tierra.

Pero, en un error involuntario del redactor de esa norma, como si no quisiera que eso fuera ejecutado así, transcribió la Ley poniendo suelo y sobresuelo, totalmente lo contrario a lo que quería expresar, quedando como una simple anécdota este hecho, ya que al día siguiente quedó subsanado ese concepto equivocado publicándose de nuevo correctamente en la Gaceta de Madrid.


Contraportada del libro "Not a Queen Victoria´s Birthday" - David Avery 1974

La decisión gubernamental de la venta de las Minas de Riotinto no fue a la ligera. Desde que en 1849 terminara el arrendamiento de las minas al Marqués de Remisa, hubo un largo debate parlamentario entre políticos e ingenieros.

Los parlamentarios llegaron temprano a las Cortes de Madrid para celebrar el último debate sobre la venta de las minas. Las continuas pérdidas económicas y la antigüedad de sus infraestructuras hacían que el estado no estuviera interesado en administrar directamente el establecimiento minero.

Eran tres las opciones que se barajaron para darle una solución a las desfasadas y anticuadas Minas de Riotinto:

·        continuar con el arrendamiento del establecimiento minero,

·    proceder a vender las minas a un grupo financiero comprador que las gestionara de manera independiente y

·     como tercera alternativa explotarlas directamente por el Estado creando un gran centro industrial en Huelva con una fuerte inversión en acondicionamiento de infraestructuras, tal y como pensaban los ingenieros de minas Anciola y Cosssio, John Lee Thomas, Ramón Rúa Figueroa o José Monasterio Correa a través de su publicación Observaciones sobre la venta de las minas de Riotinto”, precursor del polo químico de Huelva creado 100 años después en 1964.

El 15 de marzo de 1870 el Ministro de Hacienda Laureano Figuerola presentó una Ley con carácter de urgencia por la que el Gobierno quedaba facultado para vender en subasta pública las minas de Riotinto, transmitiéndose a perpetuidad el suelo, el subsuelo y los bienes existentes en el término.


La Gaceta de Madrid-Venta de Bienes Nacionales

Para valorar los bienes existentes se nombró a una comisión experta formada por tres ingenieros de minas, un ingeniero de montes y un arquitecto y realizar una tasación de las propiedades lo más acertada posible. La Comisión de valoración precisó los límites de la Mina o Filón Sur en 70 metros de ancho, 787 de longitud y 60 de espesor, con una ley media de cobre del 3% y una extracción de mineral de 500.000 toneladas anualmente.

La tasación de los bienes empezó rápidamente, desplazándose la comisión a las minas de Riotinto con objeto de visitar los criaderos, las labores de explotación y las dependencias del Establecimiento, y el 11 de mayo de 1871 se publicó el Boletín General de Ventas de Bienes Nacionales de manera pormenorizada y exhaustiva. En este Boletín se publicaron la valoración de las 233 teleras de mineral en calcinación, el hierro en los hornos y en los pilones de cementación y canaleos, todas las herramientas en utilización, maderas de pino, naranjo y encina para entibar, y de chopo para los carros, todos los efectos del hospital, utensilios del laboratorio, mobiliario de las oficinas, carruajes, guarniciones y caballerías cada ejemplar con su nombre, color y precio. Los montes y terrenos, huertos y cercados, más de 200 casas, cuarteles, hospital, almacenes, oficinas, fábricas y demás edificios.


Recuento y cubicación de las 233 teleras existentes 

En este Boletín se anunció la Subasta Pública de las Minas de Riotinto a un precio de salida de 103.062.880 pesetas., publicándose en Madrid, Huelva, Cádiz, Sevilla, Barcelona y Bilbao, en Ultramar en Puerto Rico y la Habana, en el extranjero en New-York, Washington, Nueva Orleans, Lisboa, Londres, París, Bruselas, Florencia, Berlín, Amsterdam, Amberes, Rotterdam, Hamburgo, Viena y San Petersburgo, en los horarios que designen los diplomáticos o consulares españoles.

Realmente el precio de venta de las minas se situó en 69.660.407 pesetas, que capitalizada a 10 años, a un tipo del 10% anual, que era el tipo de interés que se le concedía los préstamos a los industriales, alcanzaba un precio de venta de 103.062.880 pesetas.

Pero esa primera convocatoria de subasta no tuvo éxito por ausencia de licitadores y el 23 de noviembre de 1872 se publicó una segunda subasta con una rebaja en el precio del 10% quedándose en 92.756.592 pesetas. Esta segunda subasta también quedó desierta ya que a los interesados lo que más les preocupaba era la concesión de la línea de ferrocarril y la declaración de utilidad pública.

En consecuencia, el Gobierno fue autorizado por la Ley de Presupuestos de 26 de diciembre de 1872 para realizar la transacción sin las formalidades de la subasta y adjudicar directamente la venta de las Minas de Riotinto.

Conocedores de este asunto dos empresarios alemanes afincados desde hacía unos años en Huelva, William Sundheim y Heninrich Doestsch, se pusieron en contacto con uno de los más conocidos hombres de negocios de Londres, Hugh Mackay Matheson, de origen escocés y ferviente presbiteriano, y le propusieron participar en este negocio. Según el profesor Flores Caballero, Matheson había estado interesado años atrás en adquirir las minas de Riotinto y explotarlas a gran escala.

Hugh Matheson creó un consorcio de financieros internacionales formado por los Sres. William Edward Quentell, Ernest H.Taylor y Heninrich Doestch y apostó en esta tercera subasta por la compra de las minas por 92.800.000 pesetas, es decir, 43.408 pesetas más que el precio de salida. 

Tres días después de proclamarse la I República, el 14 de febrero de 1873, el ministro de Hacienda, José Echegaray, premio Nobel de Literatura en 1904 y creador del Banco de España, firmaría la Venta de las Minas de Rio Tinto a un grupo financiero extranjero.

Al poco tiempo de adjudicarle las minas, iniciaron gestiones para crear y formalizar una empresa y el 29 de marzo de 1873 fue registrada en Londres THE RIO TINTO COMPANY LIMITED en el número 3 de Lombard Street de la capital de Reino Unido. El precio de venta de las minas sería satisfecho en 10 plazos y nueve años. La fianza y el primer importe del plazo fueron entregados en monedas de oro en abril de 1873.

La primera reunión de The Rio Tinto Company Limited se celebró el 23 de Junio de 1873 estando presidida por A. G. Dallas pero 2 semanas después, el 7 de Julio de 1873 fue elegido Presidente de la entidad Hugh Mackay Matheson hasta su muerte en 1898.

CORNHILL y LOMBARD STREET, LONDRES, sobre 1900

La RIO TINTO COMPANY se hizo cargo de una plantilla de trabajadores de unos 900 operarios que pertenecían a la administración pública, contratando también al ingeniero de minas Rúa Figueroa durante unos años hasta su jubilación. Acostumbrados a no tener un control horario, los nuevos jefes ingleses instauraron un sistema de vigilancia más organizado. En 1913 la RTCL llegó a alcanzar los 14.000 trabajadores.

Hugh Mackay Matheson

El primer proyecto que creó la RIO TINTO COMPANY fue la construcción del ferrocarril minero por el margen del Río Tinto y el muelle embarcadero en el la ría del Odiel en Huelva.

El ferrocarril se declaró de utilidad pública construyéndolo en tan solo 25 meses y empezando su construcción por 5 frentes diferentes. Con 84 km de vías, se construyeron 8 puentes, 5 túneles y 12 estaciones con la anchura inglesa de 1,067 m de vía estrecha.

El impresionante Puente Salomón - foto J.María D.Barba

El proyecto del muelle embarcadero de minerales de Huelva situado en la ría del Odiel le fue concedido por el mismo Presidente de la RTCL, Hugh Matheson al ingeniero inglés George Barclay Bruce, ayudado por Thomas Gibson y William Ridley. La longitud total del muelle sería de 1.165 metros de los cuales casi la mitad se encontraba en tierra, en un sector de marismas, y otros tantos, hasta la estación, sobre hormigón y ladrillos. Se estima que hasta el año 1975 que dejó de funcionar habían embarcado más de 150 millones de toneladas de mineral.


Muelle Embarcadero desde las Marismas del Odiel. Foto Joaquín Giraldo Muiño



Matheson no visitaría Huelva y las minas de Riotinto hasta 2 años después de su adquisición para inspeccionar la finalización de estas obras, quedándose impresionado del enorme potencial de las minas y del acogimiento de las autoridades y el personal onubense. Matheson viajaría en más ocasiones a Huelva y a la sierra de Aracena y Picos de Aroche. En una de las cartas enviadas a su esposa cuenta la experiencia que tuvo en el pueblo de Jabugo en 1887, donde se criaban cerdos, castañas, melocotones, manzanas y había una cantera de mármoles. Una mañana cuando salió a dar un paseo, resbaló con las piedras de la calzada y le produjo una distensión en el tobillo, obligándolo a permanecer en reposo durante varios días. En ese tiempo los habitantes del pueblo donde se obtenían los mejores jamones, como llegó a decir, le llevaron unas suculentas natillas y un postre al que llamaban dulce de membrillo.

Como diría el escritor local Cobos Wilkins la COMPANY trajo a las minas la transformación de un nuevo mundo con una desconocida asistencia médica, hospitales, alfabetización, escuelas, desarrollo industrial y económico, una administración disciplinada, empleo asegurado para varias generaciones, grandes infraestructuras con edificios notables, el gusto por las artes, la música, la jardinería, talleres de hermosísimos bordados y hasta el descubrimiento de Punta Umbría para el retiro del calor del verano. Pero también la práctica por el deporte, el futbol, el golf, el criquet y el tenis.

Balance de Situación de la RTCL en 1886 

En 1954 la RIO TINTO COMPANY LIMITED llega a un acuerdo con el gobierno español por el que decide deshacerse del yacimiento minero y venderlo a la COMPAÑIA ESPAÑOLA DE MINAS DE RIO TINTO, S.A., un consorcio español formado por el Banco Español de Crédito, Hispanoamericano, Exterior, Central, Bilbao, Vizcaya y Urquijo, en un acto rubricado en una sala del Banco de España, aunque la RTC se quedó con la tercera parte del capital. Tres años después el viceconsulado británico en Huelva también cerró sus puertas.

Durante los 81 años, desde 1873 hasta 1954, que permaneció THE RIO TINTO COMPANY LIMITED en las minas estos fueron los 7 Presidentes o Chairman que tuvo la empresa:




estos los 14 Directores Generales o General Manager que dirigieron la compañía:


Después aparecerían las compañías Unión Explosivos Río Tinto, Río Tinto Patiño y Río Tinto Minera, adquirida por el grupo Freeport McMoran a través de Atlantic Copper  que se centraría finalmente en los procesos de la fundición de mineral en Huelva.

En 1995 las minas pasarían a manos de sus trabajadores creando Minas de Riotinto, S.A.L. y actualmente el establecimiento minero está gestionado y explotado por la empresa del grupo Trafigura,  ATALAYA MINING COPPER, S.A. con una producción en el año 2025 de 51.139 toneladas de cobre.

BIBLIOGRAFÍA                                                                 

-         LA VENTA DE LAS MINAS DE RIO TINTO EN 1873 – Manuel Flores Caballero – Diputación de Huelva 1981

-         HUGH M. MATHESON. UN VICTORIANO EN LAS MINAS DE RIO TINTO – Consuelo Domínguez Domínguez – Universidad de Huelva 2019

-         MEMORIALS OF HUGH M. MATHESON – Oswald Dikes – Hodder and Stoughton 1899

-         LA HUELVA BRITANICA – Juan Cobos Wilkins – Andalucía Abierta 2005

-         https://cronocracia.blogspot.com/2010/05/sobre-rio-tinto.html

   EL CONTRATO DE COMPRA-VENTA DE LAS MINAS DE RIO-TINTO-Imprenta de Fortanet - Madrid - 1888

https://riotinto.atalayamining.com/

LOS AUSTRIAS-José Luis Corral - Booket - 2017



jueves, 4 de septiembre de 2025

RICHARD FORD, EL VIAJERO ROMÁNTICO QUE LLEGÓ A RIOTINTO EN 1832

 A lo largo del siglo XVIII los jóvenes ingleses adinerados, una vez acabados sus estudios, acostumbraban a viajar a Francia, Suiza e Italia, como complemento de su educación. Una vez terminada la Guerra de la Independencia en 1814, de España contra la Francia de Napoleón, los oficiales aliados del ejército británico decidieron visitar España por la buena impresión que le había causado durante la contienda.


Riotinto pintado por Richard Ford el 14 de mayo de 1832 - Lápiz sobre papel -Colección de la Familia Ford, Londres

Richard Ford nació en Londres en 1796, era hijo del abogado, parlamentario y creador de la policía montada de Londres también llamado Richard Ford. Heredó una gran fortuna de su abuelo que fue coleccionista de arte y director de la Compañía Británica de las Indias Orientales y aunque se graduó en leyes en Oxford, nunca llegó a ejercer. Ford llegó a relacionarse con el duque de Wellington y con el mismísimo Beethoven en Viena y posiblemente haya sido la personalidad extranjera que más ha contribuido a difundir la imagen de España al resto de Europa.

En 1824 se casó con Harriet Capel, la hija del conde de Essex. Pero la señora Ford  tenía una salud delicada y cuando en 1830 enfermó, su marido decidió llevarla junto a sus tres hijos, no a Lisboa que era en aquel momento un punto de reunión de los enfermos británicos, sino a otro lugar donde disfrutara de un clima seco y caluroso al sur de Europa. Se estableció en Sevilla, por su cercanía a Gibraltar, que habían llegado días antes navegando en el vapor H.M. Brig Guardian y ascendido por el Guadalquivir hasta Sevilla.

Se hospedaron en pleno Barrio de Santa Cruz, en la plaza de San Isidoro, num.10 durante los siguientes tres años, aunque los veranos los solía pasar en la Alhambra de Granada, en el Palacio del Partal, al igual que hiciera su amigo e historiador americano Washington Irving, autor de los famosos Cuentos de la Alhambra.


Cuentos de la Alhambra - escrito en 1829 por Washington Irving 

Desde el primer momento Ford se sumergió en la vida cotidiana de Sevilla. No frecuentó mucho la sociedad aristocrática, sino que se interesó por el baile andaluz, el teatro, la caza, los toros, la literatura, los libros y la pintura española; su esposa aprendió a tocar la guitarra española y él le leía a sus hijos unas hojas del Quijote antes de acostarse; de hecho era buen dibujante y pintó una gran cantidad de acuarelas y dibujos a carboncillo de paisajes y de la arquitectura española que permiten reconstruir la imagen de España, tal como era en los años posteriores a la guerra contra Napoleón.


"La casa de Frasquito Sánchez" pintado por Lewis en 1835 (Palacio del Partal - Alhambra de Granada) y en la actualidad

Como amante de la pintura también adquirió cuadros de Murillo y Zurbarán que había comprado en su periplo español. Durante su estancia en Granada, Ford se hizo de una tabla decorativa medieval tallada en madera a modo de friso de la Torre de las Damas, en el Palacio del Partal de la Alhambra, de unos 2,25 metros de longitud y que era una parte muy importante del conjunto monumental nazarí, posiblemente de la época del sultán Muhammad III (1302-1309). Después de casi 200 años la familia descendiente de Ford entregó en el año 2021, en un gran gesto de generosidad, ese arrocabe al Patronato de la Alhambra y Generalife para que una vez restaurada se incorporara nuevamente al monumento granadino y luciera otra vez con todo su esplendor.

Arrocabe nazarí antes de su restauración. Patronato de la Alhambra y Generalife 


Pero Richard Ford era un hombre activo e inquieto y durante los tres años que permaneció en España decidió recorrer por puro placer todo el país montado en un caballo cordobés ataviado con traje de bandolero andaluz, realizando más de tres mil kilómetros en su andadura. Desde Andalucía hasta Galicia, Madrid, Cataluña, Valencia, Aragón, País Vasco, Extremadura, Castilla La Mancha y Castilla León. Cuenta la historia que pretendió obtener un salvoconducto del conocido bandolero José María el Tempranillo, pero nunca lo llegó a encontrar.


LA VISITA DE RICHARD FORD A RIOTINTO 

Un arroyo delgado verde y color de cobre se retuerce bajo un bosque de abetos y es el río teñido del que el pueblo toma su nombre.

El día 13 de mayo de 1832 Richard Ford parte a caballo desde Sevilla con su mozo de cuadra para realizar una larga expedición hasta Santiago de Compostela, por la Vía de la Plata, pasando por Riotinto y Aracena.

La Ruta VIII desde Sevilla hasta Riotinto la define así:

Una gira a caballo por malos caminos y peores posadas; cuídese de ir bien provisto de comida. Por varios motivos es aconsejable llevar una escopeta inglesa de dos cañones”.

Tras pasar por la Venta de Pajanosa, Algarrobo y El Castillo de las Guardias y recorrer 13 leguas, el lunes 14 de mayo de 1832, llega al pueblo de Minas de Rio Tinto.




Detalle de Riotinto pintado por Richard Ford el 14 de mayo de 1832 - Lápiz sobre papel -Colección de la Familia Ford, Londres

Richard Ford relata así su llegada al pueblo minero de Riotinto

80 años antes que Concha Espina en su Metal de los Muertos, Ford ya había definido a estas minas como un suburbio infernal.

El lado rojo y desnudo de la montaña de cobre, la Cabeza Colorada con nubes de humo caracoleando sobre oscuros pinares anuncia desde lejos las famosas minas. Las cercanías inmediatas del pueblecito son semejantes a las de un suburbio infernal, el camino está hecho de cenizas quemadas y escoria, las paredes se componen de ganga semejante a la lava, mientras que los mineros demacrados con rostros descoloridos y ropa ennegrecida parece dignos habitantes de tal lugar; un arroyo delgado verde y color de cobre se retuerce bajo un bosque de abetos y es el río teñido del que el pueblo toma su nombre.

El famoso Río Tinto ya contenía grandes proporciones de metales pesados y Richard Ford se hace eco de lo que había narrado Diego Delgado en 1556 a Felipe II.

Este arroyo fluye del interior mismo de la montaña y se supone que está unido a algún conducto interno antiguo aún por descubrir y es de aquí de donde se obtiene el cobre más puro; se colocan barras de hierro en cauces de madera que se sumergen en el agua cuando se deposita en ella alguna cáscara o partícula metálica que es arrojada de allí; la barra es entonces sometida al mismo proceso hasta que queda completamente corroída. El agua es mortalmente venenosa y ni animales ni vegetales pueden vivir cerca de ella ya que mancha y corroe todo lo que toca.

 

Respecto a la constitución del pueblo de Riotinto, en el que solo estuvo un día durante su visita, Ford se informó muy bien y lo describe como sigue:

El pueblo está construido a cosa de una milla de las minas y fue edificado por un cierto Liberto Wolters, un sueco a quien Felipe V concedió las minas en arrendamiento, pero revirtieron a la corona en 1783.

Está habitada principalmente por mineros, pero hay una posada decente; los empleados y la gente oficial tienen una calle para ellos solos. La vista desde lo alto de la iglesia es notable, la ciudad ya a nuestros pies con su arroyo y sus naranjales; a la izquierda se levanta la cortada montaña de cobre, envuelta en coronas sulfúricas de humo, mientras a la derecha, la magnífica ladera llena de abetos se abastece de combustible a los hornos, La Mesa de Los Pinos, está apuntalada por una interminable extensión de colinas cubierta de cistos.

Richard Ford también se interesa por el duro trabajo de los mineros.

Visítese el Castillo de Salomón en la Cabeza Colorada. Al entrar en la galería se llega enseguida a un pozo al que se baja por una escalerilla hasta llegar a una galería más profunda, el calor aumenta con la profundidad ya que no hay ventilación; en el fondo el termómetro llega a 80º Fahrenheit (27º C) y los mineros que hincan cuñas de hierro en la roca antes de utilizar los explosivos, trabajan casi desnudos y la poca ropa que llevan está completamente empapada de sudor. La escena es sombría, el aire denso y venenoso, el relucir vacilante de las luces de los mineros azul e irreal; aquí y allá se ven figuras con lámparas colgando del pecho que van de un lado para otro como inquilinos de los salones de Eblis y desaparecen bajando con escala a la profundidad más honda. Es melancólico el sonido de la piqueta del trabajador solitario, que, sin otra compañía que sí mismo, en su hornacina de piedra, martillea su prisión de roca como un demonio encarcelado que trata de salir por la fuerza hacia la luz y la libertad.

… y relata, de manera breve pero precisa, el método de producción de cobre en la etapa de arrendamiento de las Minas de Rio Tinto al Marqués de Remisa:

El cobre se encuentra en forma de piritas de hierro y produce alrededor del 5%. Las estalactitas son muy bellas porque dondequiera que el agua gotea por el techo de la galería forma carámbanos que se dirían de esmeralda y amatistas, pero estos brillantes colores se oxidan al aire libre, cambiando enseguida a marrón pardoso. Cuando la zafra o mineral bruto se extrae, se lleva a la calcinación en la cumbre del monte y allí se quema tres veces al aire libre; el azufre se sublima y se disuelve en nubes de humo, mientras el metal bruto que parece una especie de carbón de hierro es llevado a ser fundido en casa situadas junto al arroyo cuya agua mueve los fuelles. El metal se mezcla primero con partes iguales de carbón y escoriales, prefiriéndose para esto los antiguos, y luego se funde con brezo, que es una especie de combustible compuesto de cistos y romero. El hierro fluye como lava y el cobre se precipita en un cuenco o copella situado debajo. Luego se refina en hornos o reverberos y así pierde cosa de un tercio de su peso; la espuma y las impurezas se raspa con una azada de madera. El cobre puro entonces es enviado a Sevilla a la fundición de cañones o bien a Segovia a ser acuñado.

Como no podía ser menos que otros lugares que Richard Ford visitara en 1832, también realiza un extraordinario dibujo a lápiz sobre papel del pueblo de Riotinto.

Este es el único dibujo que tenemos de esa época y que gracias a la Colección de la Familia Ford de Londres se puede disponer de este inédito documento gráfico del antiguo pueblo de Riotinto.



Detalle de Riotinto pintado por Richard Ford el 14 de mayo de 1832. Colección de la Familia Ford, Londres


Richard Ford no era un artista profesional, le atraían lugares, a priori, poco relevantes, y cuando se acercaba a pueblos y ciudades prefería las vistas generales retratando el entorno y su periferia, como lo hizo en Riotinto. Sus dibujos y acuarelas sirven por tanto como memoria fiel de un tiempo que no conocimos y que ahora podemos verlo como si se tratara de una ventana abierta al pasado.

Se trata de un dibujo a lápiz sobre papel del desaparecido pueblo de Riotinto, en época del arrendamiento de las minas al Marqués de Remisa al borde de la corta filón sur, visto desde la parte oeste, centrado como valor principal en la torre de la iglesia de Santa Bárbara y en sus casas de alrededor. Iglesia construida en la zona central del pueblo sobre 1769 en época de Francisco Thomás Sanz. Una iglesia con campanario y reloj con capacidad para 600 fieles, que años más tarde se ampliaría para 900 personas y cinco retablos, el mayor de ellos dedicado a Santa Bárbara. Al final de la manzana que ocupaba la iglesia sería construido el ayuntamiento del pueblo, al lado de lo que sería la Plaza de la Constitución, pero según se puede observar en el dibujo de Ford aún no han sido derribadas esas casas para levantar el consistorio. Frente de la iglesia los ingleses construirán el edificio de ladrillos vistos de la dirección de la Rio Tinto Company Limited.

La montaña dibujada en la parte izquierda del papel se corresponde con el famoso Cerro Salomón y la pintada en la parte derecha es el conocido Cerro de las Vacas, al que se accede por un serpenteante camino. El pueblo se derrama sobre las laderas del Cerro Salomón para terminar en las fértiles huertas de árboles frutales situadas al lado del viajero pintor.


 Plano dibujado por Joaquín Ezquerra del Bayo en 1838. La flecha indica la situación donde pudo estar Richard Ford para pintar su dibujo. Créditos Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía 


Todo el entorno de Riotinto lo pinta como cuentan las crónicas de la época, lleno de arboleda, como pinares, encinas, alcornoques y de monte bajo como jaras, brezo, jaguarzos y que años más tarde arrasaría el monte la explotación de las teleras del arrendatario de las minas al Marqués de Remisa. Pero a Ford le gustaba plasmar en sus dibujos la vida cotidiana y social, por eso pintaba algunas personas en su entorno y en el caso de Riotinto pinta a varios personajes por las calles del pueblo, en las esquinas y a otras personas como si fueran camino del huerto; huerto de minero.

Según describió Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Estadístico algunos años después, en las laderas del Cerro Salomón, se construyeron las viviendas del pueblo y que cuando Ford las dibujó en 1832 había unas 153 casas modernas de buena construcción repartidas en diferentes calles y plaza, empedradas y muy limpias, contando con 170 vecinos ó 844 almas. Tiene una escuela de instrucción primaria concurrida para 30 niños y otra de niñas. El terreno es muy pintoresco cercado de montes cubiertos de pinos; el clima es muy sano y no se conocen enfermedades endémicas. Hay unas 7 huertas de frutales, ganado cabrío en corto número y caza de conejos y perdices. Todos los vecinos son operarios de las minas y hay además 4 molinos harineros. La riqueza productiva no se puede determinar por cuanto el pueblo y su pequeño término son de la hacienda pública.

 

Al día siguiente de la corta estancia en Riotinto, 15 de mayo de 1832, Ford partiría temprano camino de Aracena, a cinco leguas de distancia y seis horas a caballo, llegando a Campo Frío pasando por aromáticas dehesas, colinas verdes y cielos azules.

 

En 1833 Richard Ford regresa con su familia a Inglaterra quedando enamorado del país donde residió tres años atrás, incluso continuó manteniendo la forma de vestir al estilo español, con la zamarra hecha con piel y lana de oveja merina que había utilizado durante sus viajes por España, enamorándose de estas tierras y de sus gentes.

 

En los jardines de su casa de Exeter, al suroeste de Inglaterra, plantó flores y cipreses imitando el Generalife de la Alhambra, edificó una casa de estilo neomudéjar, copiando las yeserías y alicatados de Granada y adornó el patio con césped y macetas como se embellecía en Andalucía. Allí instaló una extensa biblioteca de libros en español junto a su gran obra pictórica de más de 500 dibujos a lápiz, tinta y acuarelas de sus viajes por España y plasmado en papeles de muy diversa calidad y formato. Los dibujos pintados por Richard Ford, realizados antes de nacer la fotografía, han permanecido hasta hoy en poder y custodia de su familia, que ha conservado ese maravilloso legado en su integridad, único referente ilustrado para conocer los paisajes españoles de los años 30 del siglo XIX.


En 1844 Richard Ford, a través  John Murray el editor más conocido del momento, decidió escribir una guía contando toda su experiencia y recuerdos vividos sobre los paisajes y costumbres de España, titulando el libro Handbook for Travellers in Spain - Manual para viajeros en España - y aunque resultó ser demasiado largo, con 1.064 páginas, y caro para la época, con un precio de 30 chelines, en el primer día se vendieron seiscientos ejemplares de los dos mil de la tirada inicial, causando de inmediato una gran impresión y aceptación entre el público, por lo que ha sido considerado como uno de los mejores libros de viaje del siglo XIX que se han publicado sobre España en lengua inglesa.

En la introducción del libro Ford escribe “Los viajeros que aspiran a lo romántico, lo poético, lo sentimental, lo artístico, lo antiguo, lo clásico, en una palabra a cualquier tema sublime y bello, encontrarán en el actual y el antiguo estado de España material suficiente si vagan con lápiz y cuaderno en ristre por este curioso país, que oscila entre Europa y África, entre la civilización y la barbarie”.


"Handbook for travellers in Spain" - Tercera edición de 1855 


En 1847 aparece una segunda edición más corta y en 1855 una tercera aún más abreviada también en inglés y en la que inserta esta extraordinaria frase en la portada del ejemplar:

QUIEN DICE ESPAÑA – DICE TODO


El libro, escrito de manera pintoresca, describe muchos detalles de las costumbres españolas de la época, los caminos de herradura, las posadas, los caballos, la vestimenta, la cocina, los vinos, los toros, las fiestas, la medicina, el tabaco, los contrabandistas y la geografía española.


De Richard Ford se puede decir que ha sido la personalidad extranjera que más ha contribuido a difundir la imagen de España al resto de Europa.

Tres años más tarde de publicar su obra cumbre, Handbook for Travellers in Spain, el 31 de Agosto de 1858, y sin haber vuelto nunca a su querida y añorada España, moría Richard Ford. Sería enterrado con su chaqueta negra española, hecha con piel de oveja, todo un acto que le unía definitivamente a España, el país que tanto amaba.


En el diario inglés The Times apareció un obituario escrito por William Stirling que no dudó en afirmar, al referirse al “Manual”, que “un logro literario tan grande no había sido llevado a cabo nunca bajo un título tan humilde.

El funeral tuvo lugar en Heavitree, Exeter y en su lápida se puede leer la siguiente inscripción,

“Rerum hispaniae indagator acerrimus”

“El más inteligente investigador de las cosas de España”, como bien correspondía al más entusiasta hispanista del siglo XIX, al curioso impertinente como diría Ian Robertson, al viajero pintor, al viajero romántico enamorado de España.


AGRADECIMIENTOS                                                      

 -  Colección de la Familia Ford, Londres 

- Francisco Javier Rodríguez Barberán, comisario de la Exposición Richard Ford. Viajes por España (1830-1833) del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid

BIBLIOGRAFÍA                                                                   

- https://dialogosenlacallesanz.blogspot.com/

https://www.realacademiabellasartessanfernando.com/assets/docs/catalogos_exposiciones/Richard_Ford/Richard_Ford-Cat1.pdf

- Handbook for travellers in Spain. Richard Ford. John Murray, London, 1855

- Richard Ford y Sevilla (1830-1833). Una Antología – Francisco Javier Rodríguez Barberán - Ayuntamiento de Sevilla 2007

- Las cosas de España – Richard Ford – Prólogo de Gerald Brenan – Ediciones Turner 1974

- Manual para viajeros por Andalucía y lectores en casa – Richard Ford – Ediciones Turner 1980

- Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar – Pascual Madoz – 1845-1850

. https://museobandolero.blogspot.com/2013/11/viajero-romantico-richard-ford.html

https://historiadelaprovinciadehuelva.blogspot.com/2019/11/los-viajes-del-hispanista-britanico

. https://barbararosillo.com/2022/10/09/richard-ford-un-viajero-ingles-en-la-espana-del-romanticismo/

https://www.zendalibros.com/richard-ford-escribe-de-espana-en-1830

https://en-clase.ideal.es/2019/10/25/mustapha-busfeha-garcia-dijeron-de-granada-xxvii-richard-ford

. https://www.alhambra-patronato.es/notas-prensa/la-alhambra-recupera-un-arrocabe-medieval-de-la-torre-de-las-damas-desaparecido-casi-dos-siglos

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