En septiembre de 1943 el prestigioso arquitecto Alejandro Herrero Ayllón diseñó una moderna aldea para los trabajadores de las Minas Guadiana y Posterera, cercanas a las Minas de Palanco, para albergar a unas 1.000 personas, pero finalmente no se llegó a desarrollar el proyecto y el poblado no se pudo crear.
El reloj despertador de cuerda sonó como un estruendo en el silencio de la noche con tal fuerza que parecía un taladro que iba a perforar las antiguas tablas de la mesilla de noche carcomida por las polillas.
Eran las cuatro de la mañana.
Ramón sacó el brazo de las sábanas
de algodón y retiró el cobertor para atrás, con la mano le dio con tal fuerza al
reloj que cayó al suelo.
No volvió a sonar más.
Cuando Ramón despertó de nuevo
había pasado casi una hora, se había quedado dormido porque la noche anterior
se acostó tarde enredado con unos amigos en educación y descanso, unas copas de
aguardiente y el cansancio acumulado de toda la semana no pudo levantarse a esa
hora, había perdido el tren para ir a trabajar a Mina Guadiana, cercana a las
Minas de Palanco y a unos 7 kilómetros de distancia de Zalamea.
Ya no le daba tiempo coger la calle
abajo e ir a la estación vieja para subirse al tren, así que preparó el talego
con un poco de queso y un mendrugo de pan y decidió ir corriendo por el camino del
Pozuelo, un camino de bestias que discurría paralelo a la carretera de Huelva a
Badajoz.
-
Es la segunda vez que esta semana llegas tarde al
trabajo Ramón.
-
Pero don Francisco es que...
-
El martes tenías fiebre y hoy has perdido el tren.
-
Don Francisco, he venido corriendo los 7 kilómetros que
hay de distancia desde Zalamea para no llegar tarde a la mina. No he podido
correr más, usted sabe que tengo un poco de silicosis en los pulmones.
-
Estás despedido Ramón.
-
Pero don Francisco, tengo mujer y cuatro hijos que
alimentar y ahora no es temporada de cosecha en Zalamea, hay muchas aguas y en
el campo no hay mucha faena. No me puedo permitir perder este trabajo y buscar otro
de jornalero.
-
Bueno, dijo Francisco, de momento vete hoy a tu casa,
mañana hablaremos.
Francisco Vázquez, director de las Minas
Guadiana y Posterera, continuó con el trabajo del día y a media mañana se dirigió
al edificio donde estaban las oficinas centrales de la compañía para hablar con
Ángel, el propietario del establecimiento minero, informándole de todo lo
sucedido con Ramón.
-
Francisco no podemos permitirnos perder más obreros, cada
vez quedan menos operarios que quieran venir a trabajar a nuestras minas y necesitamos
más mano de obra para incrementar la extracción de manganeso. Según los últimos
análisis tenemos una alta ley de mineral y el precio se cotiza al alza en el
mercado, Europa necesita mineral para su maquinaria y su industria, es una gran
oportunidad de negocio que no debemos dejar escapar.
Tenemos que
pensar, continuó hablando Ángel, en mejorar las condiciones de los
trabajadores, en construir viviendas para que los obreros vivan al lado de su lugar
de trabajo, estén más cómodos y no tenga que hacer largos desplazamientos todos
los días para ir a trabajar. Como las viviendas que están en Riotinto o las de
Peña de Hierro.
Francisco,
dile a José, el chófer, que prepare el coche, mañana saldré a primera hora para
ir a Huelva. Hablaré con el mejor arquitecto que tenemos en la provincia,
Alejandro Herrero. Ah!, y llama al alcalde de Zalamea, don Augusto López, coméntale
que me va a acompañar en estas gestiones, tenemos que conseguir el apoyo del
ayuntamiento para desarrollar este proyecto en las minas Guadiana y Posterera.
Las labores mineras de Zalamea se
remontan a varios milenios atrás. Chinflón, Tinto-Santa Rosa y Minas de Rio
Tinto son solo algunos ejemplos. A finales del siglo XIX y principios del XX se
llegaron a explotar simultáneamente hasta 19 minas en el término de Zalamea, 11
de ellas fueron de cobre y 8 minas de manganeso. Según la Jefatura Provincial
de Minas de la Junta de Andalucía, solo en el municipio de Zalamea la Real,
entre 1858 y 1979 se llegaron a conceder más de 1.300 concesiones mineras, de
las cuales 541 obedecían exclusivamente a mineral de Manganeso. Algunas de estas
concesiones duraron varias décadas y otras no se llegaron a explotar por lo que
algunas licencias tan solo duraron algunos días.
El 30 de mayo de 1866 le
concedieron licencia para la explotación de la Mina Guadiana a Manuel Vázquez
López y al menos desde 1918 se explotaba el mineral de manganeso, teniendo
relevante importancia debido a la Gran Guerra (1914-1918) que necesitaron de
este mineral para la construcción de maquinaria bélica e industrial para la
contienda. Posteriormente, durante la década de los 40 adquirieron mayor
relevancia debido a la segunda Guerra Mundial (1941-1945) ya que el manganeso
era un mineral de especial interés militar
La explotación del manganeso estaba
protegida y controlada por el Consejo Ordenador de Minerales Especiales de
Interés Militar (COMEIM), organismo creado en 1942 para controlar la
extracción, comercio y precios de minerales estratégicos, garantizando que el mineral
y otros metales esenciales no salieran
del país y sirvieran a las necesidades bélicas e industriales.
En 1943 se electrificó Mina
Guadiana llegando la explotación hasta los 120 metros de profundidad del Pozo
Maestro, en cuyo momento se redujo tan fuertemente la ley del mineral que no
resultaba rentable su explotación y hubo que parar la producción. Las minas
Guadiana y Posterera tenían una línea de ferrocarril propia, normalmente tirada
por tracción animal, que empalmaba con la línea férrea del Buitrón y ahí
cargaba el mineral hacia el Puerto de Huelva.
Alejandro Herrero Ayllón (Madrid,
1911) estudió arquitectura en Madrid e inició su carrera profesional como
arquitecto municipal de Huelva en 1940. Persona de gran cultura y sensibilidad,
tanto humana como artística, publicó reportajes sobre la transformación
urbanística, social e histórica de la ciudad onubense y se volcó en la vivienda
social tanto en la capital como en los pueblos de la provincia. Elaboró el
primer Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad de Huelva en 1964 y entre
sus obras cabe destacar el patio central del Ayuntamiento de Huelva y los
grupos de viviendas de la Huerta Mena y Tres Ventanas.

En 1943 viendo la necesidad social
que había en la zonas mineras de la provincia de Huelva y más concretamente en
Palanco, cercana al Baquillo, conocida zona de Zalamea donde en apenas 1
kilómetro de distancia había 3 explotaciones mineras, Mina de Palanco, Mina
Guadiana y Mina Posterera, diseñó un detallado proyecto para albergar a los
mineros y a sus familias en una zona cercana a sus centros de trabajo.
Estas minas distaban de Zalamea la
Real 7 kilómetros de camino y las aldeas más cercanas a ellas eran El Pozuelo a
5 km, donde había un ferrocarril y Buitrón a 7 km. Los mineros recorrían
diariamente hasta 14 km para ir a trabajar, en gran parte por malos caminos, su
rendimiento era pequeño y las condiciones de vidas miserables, según detalla
Ayllón. Tampoco era posible conseguir buenos obreros para las minas ya que la
mayor parte del término de Zalamea era agrícola y la gente vivía en los campos,
al lado de su trabajo. Por ello, estas viviendas sociales tenían que verse
desde el prisma de economía extrema ya que las posibilidades de gastos de los
mineros eran mínimas.
El Plan que elaboró Herrero Ayllón
era de una aldea para 200 empleados de las minas, tanto encargados como
obreros, con viviendas de 2 y 3 dormitorios para sus familiares y otras con
posibilidad de ampliación, llamadas viviendas crecederas. En el poblado también
habría 7 edificios públicos, como escuela, capilla, economato, fonda, casino,
lavadero y cementerio, pero también viviendas para comerciantes y artesanos, como
panaderos, tenderos, zapateros, alfareros, etc, aparte de un albergue para alojar
a los obreros eventuales que necesitaba las minas para sus operaciones diarias.
Aunque en muchos pueblos de la
comarca aún no había llegado a las viviendas el agua potable a través de
tuberías y menos aún el tratamiento de aguas, a este nuevo pueblo se le dotaría
de todos los servicios esenciales, tanto el alumbrado eléctrico por cable
aéreo, como el abastecimiento por tuberías de agua potable, saneamiento con
alcantarillado y transformación de aguas residuales. Incluso estudió la zona
para la creación de huertos hortofrutícolas y pastoreo de cabras, además de
zona de recreo para el ejercicio del deporte de la población. Es decir, un
pueblo moderno para hospedar a unos 1.000 habitantes con las comodidades del
futuro siglo XXI.
Inicialmente se pensó en construir
dos barriadas; una para Mina Guadiana y otra para Mina Posterera, pero el
emplazamiento no era el idóneo y se tuvo que dejar esta idea. El nuevo poblado
sería ubicado en los terrenos colindantes en la finca El Baquillo que era
propiedad de Eduardo Carvajal, cercano a las minas, al ferrocarril y a la
carretera Huelva-Badajoz.
El proyecto diseñado por Ayllón se
realizaría en 3 etapas y el levantamiento de 170 viviendas:
La primera de ellas con la
construcción de 50 viviendas, conducción de agua, y alcantarillado con colector
para las aguas residuales.
La segunda etapa acogería la
edificación de 60 viviendas, albergue, economato, escuela y pavimentación de la
plaza del pueblo.
Y la tercera etapa el levantamiento
de otras 60 viviendas, capilla, fonda, casino y lavadero.
De esta manera, la construcción del
pueblo se realiza de manera gradual atendiendo a la demanda más inmediata, como
las viviendas y el abastecimiento de agua, las escuelas después y el casino por
último, ya que, según Ayllón, las atenciones religiosas se pueden realizar
semanalmente en las aldeas más inmediatas, no así la asistencia diaria de los
niños a clase.
El estudio para la construcción de
las viviendas era totalmente innovador; el vestíbulo, la cocina, los
dormitorios e incluso el aseo estaban pensado para tener la máxima comodidad de
los residentes.
La cocina tendría también la
función de comedor, lo que hoy se conoce como cocina americana. Cocina con una
hornilla y fregadero, y comedor-estancia con chinero, una mesa protegida de las
corrientes de paso y una chimenea de leña. De esta manera tendría dos fuegos
que a la misma vez darían calor a la casa por invierno. También estudió la
colocación de la grifería del lavabo, fregadero y retrete, con objeto de
reducir el material empleado para su instalación. En esa fecha a principios de
los años 40, en los pueblos de la comarca no existían los cuartos de baños,
pero Herrero Ayllón diseñó un cuarto de aseo con lavabo, ducha y retrete. Pero todo ello con las medidas reglamentarias
marcadas por el Instituto Nacional de la Vivienda, aunque utilizando una
variada bibliografía internacional de la época, de arquitectos de reconocidos
trabajos en New York, Stuttgart o Berlín que él había estudiado.
Curioso es el planteamiento que
hace Alejandro Herrero de construcción de la escuela. De manera resumida
explica en el proyecto que recomienda situarla con vistas al campo, con
ventanal bajo para divisar el paisaje cuando los alumnos estén sentados y
alejada de la carretera. Orientada entre el oeste y el sur es el mejor
emplazamiento ya que como no hay calefacción, la orientación al mediodía hace
posible el calentamiento de las aulas y además con vistas al sur que hay un
arroyo. Pero también trata de trasladar las clases al aire libre cuantas veces
sea posible, como se solía hacer en Inglaterra. Todo ello dotado de biblioteca,
guardarropas, surtidor de agua para beber, retretes y lavabos y sobre todo
campo de juego con árboles y césped para hacer deportes.
Ayllón estudió el trazado de las
calles del pueblo. Decía que la composición debe de ordenarse con un eje de
calles que son vías de comunicación con el exterior, hacia las minas y hacia
otros pueblos. La calle principal más ancha y otras calles abiertas hacia el campo
y una ligera pendiente constante para la evacuación de las aguas de lluvia y
alcantarillado, adaptándose a las curvas de nivel del terreno.
Por último, estudia de manera
pormenorizada la solución de las aguas residuales, cuando en los pueblos del
entorno no se trataban esos líquidos y discurrían por gravedad a los campos
fuera de la población. Propone para el poblado unos pozos de hormigón para
decantar los sólidos y la descomposición del líquido, resultando unos lodos que
una vez secados en eras, se pueden utilizar como abono fertilizantes para los
campos.
Al proyecto técnico del poblado, le
acompaña un Estudio Económico para la financiación de este plan que terminaría
en el año 1986. Un exhaustivo análisis sobre el coste de las viviendas, la
aportación que debe de realizar el Ayuntamiento de Zalamea la Real, la contribución
de la propiedad de las minas y los alquileres que deben de pagar los usuarios
de las viviendas, incluido seguro de incendios, gastos de conservación, etc.
Un proyecto social concebido en
plena posguerra con soluciones urbanísticas adelantadas a su tiempo.
Concebido para ser un pueblo del
siglo XXI, nunca sabremos cómo habrían resonado las voces de sus calles, ni
cuántas vidas habrían cambiado bajo los tejados que Alejandro Herrero Ayllón
imaginó. Hoy solo quedan planos, documentos y el silencio. Porque hay pueblos
que desaparecen y otros, aún más fascinantes, que jamás llegaron a existir y
que también forman parte de nuestro patrimonio inmaterial, aunque durante un
instante estuvieron a punto de cambiar la historia minera de Zalamea la Real.
BIBLIOGRAFIA
-
Archivo
Municipal de Zalamea la Real
-
https://dialogosenlacallesanz.blogspot.com/
-
https://zalamealareal-historia.blogia.com/
-
Piritas
de Huelva – Editorial Summa, Madrid 1963 – Isidro Pinedo Vara
- Catálogo
de poblaciones mineras desaparecidas en la provincia de Huelva - Asociación de
Amigos del FFCC "Cuenca Minera de Río Tinto" 1995 – Antonio Perejil
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-
https://ahausarquitectos.com



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